
«Imagen extraída del momento de Epifanía de la película «La Gran Belleza» de Paolo Sorrentino.
Introducción
La vergüenza es un sentimiento que todos hemos experimentado en algún momento de nuestras vidas. Puede surgir cuando sentimos que hemos fallado, que nos han rechazado o que nos han visto en una situación embarazosa. Aunque no es agradable, la vergüenza tiene una función importante en nuestras relaciones con los demás. Nos ayuda a comportarnos de forma adecuada y a evitar acciones que puedan dañar nuestros vínculos. Sin embargo, cuando la experimentamos de forma intensa y frecuente, puede volverse un problema.
Como psicólogo en Santiago de Compostela, he atendido a muchas personas que se sienten abrumadas por la vergüenza. Entienden que no es un sentimiento sano, pero no saben cómo librarse de él. Si te sientes identificado con esto, quiero que sepas que no estás solo. Muchas personas luchan con la vergüenza y hay formas de superarla. A continuación, te explico cómo se origina y algunas claves para manejarla.
Los inicios de la vergüenza en la infancia temprana
Los bebés necesitan sentir que están en sintonía con sus cuidadores. Buscan su mirada, imitan sus gestos y expresiones, y esperan una respuesta similar. Esto crea un vínculo de apego seguro. Pero cuando el cuidador no responde como el bebé espera, por ejemplo permaneciendo inexpresivo, el bebé siente que algo no va bien. Se retrae, evita la mirada, se siente incómodo. Está experimentando vergüenza por primera vez.
Imagina que estás jugando a hacer muecas con tu bebé. Él te saca la lengua y espera que tú hagas lo mismo. Pero en lugar de eso, pones cara seria. El bebé se extraña, mira hacia otro lado, se pone a gimotear. Ha sentido una desconexión y experimenta una primitiva forma de vergüenza.
Narrativa y vergüenza: Una nueva dimensión
A medida que crecen, los niños desarrollan la capacidad de contar historias sobre su pasado. Alrededor de los 2-5 años, ya pueden tener conversaciones con sus padres sobre cosas que les han sucedido. Esto abre una nueva dimensión para la vergüenza. Las historias pueden tratar sobre logros y momentos bonitos, haciendo sentir al niño orgulloso y conectado. Pero también pueden recordar momentos en los que las cosas fueron mal, exponiendo sus fallos. El niño puede sentir entonces una desconexión entre quién es ahora y quién era en ese momento del pasado.
Una niña de 4 años le cuenta a su madre cómo el otro día en el parque otro niño le quitó su juguete y ella se puso a llorar. Mientras habla de ello, evita la mirada de su madre, juguetea nerviosa con su ropa. Está reviviendo la vergüenza de ese momento, sintiéndose pequeña y vulnerable.
Cuando la vergüenza se vuelve totalizadora
En algunas personas, la vergüenza puede volverse una experiencia constante y abrumadora debido a experiencias traumáticas en la infancia. Niños que han vivido maltrato, abuso o negligencia pueden desarrollar la creencia de que son defectuosos, malos, que no merecen amor. La vergüenza colorea toda su experiencia. Para defenderse de este sentimiento tan doloroso, algunos desarrollan mecanismos como el narcisismo (considerarse superior a los demás) o negar la necesidad de vincularse.
Un hombre que sufrió humillaciones constantes por parte de sus padres de pequeño, ahora como adulto se muestra arrogante y despectivo hacia los demás. En el fondo, tiene un miedo terrible a la vergüenza que sentiría si alguien descubriera sus defectos e inseguridades. Su actitud de superioridad es una defensa frente a eso.
Trauma, cultura y vergüenza
Experiencias traumáticas puntuales como una agresión sexual o ser víctima de bullying en la escuela también pueden generar una vergüenza intensa, asociada a sentimientos de impotencia y humillación. Por otro lado, las presiones sociales y los cánones culturales de belleza y éxito pueden hacer que muchas personas se sientan avergonzadas de su cuerpo o de su estatus social. Desarrollan la sensación de estar constantemente expuestas a miradas críticas y juiciosas.
Una adolescente que desarrolló acné, evita salir de casa y relacionarse con otros porque se siente fea y teme que se burlen de ella. Pasa horas maquillándose tratando de ocultar las imperfecciones de su piel, sintiéndose avergonzada.
Conclusión
La vergüenza tiene una función reguladora en nuestras relaciones, pero se vuelve dañina cuando es intensa y constante. Las bases para una relación sana con la vergüenza se construyen en la infancia, a través de vínculos seguros con los cuidadores y una narrativa compasiva sobre nuestras experiencias. Si sientes que la vergüenza te abruma, no te adaptas y te impide disfrutar de la vida, la terapia psicológica puede ayudarte a sanar esas heridas y desarrollar una nueva forma de relacionarte contigo mismo. En mi consulta en Santiago de Compostela, brindo un espacio seguro para que puedas explorar tus experiencias y aprender a gestionar esos sentimientos. Estaré encantado de acompañarte en ese proceso. No dudes en contactarme.

Deja un comentario